Tu semilla
dio a luz
a un modesto arbusto.
Creció bajo tu sombre,
admirando tu fortaleza,
con sus hojas bien abiertas.
Se enriqueció con tu
sabia salvia,
floreciendo contigo en
las alegres primaveras y
deshojándose en los
fríos inviernos.
Hoy,
este modesto árbol
ya se ha convertido en
un enérgico árbol.
Árbol que se inclina
ante tus raíces
y te ofrece,
desde su corazón,
sus humildes frutos.
Frutos que
te nutrirán,
te fortalecerán,
te revitalizarán,
te acompañarán.
Siempre.

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